sábado, 28 de mayo de 2011

El efecto halo, sesgo cognitivo contra una sociedad abierta


De aquí a unas semanas esbozaré un poco sobre un tema apasionante socialmente, que tiene una relevancia trascendental en cuanto a nuestra interacción con el mundo y con el movimiento de la sociedad en sí, me refiero a los sesgos cognitivos.
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El primero que introduciré será el 'efecto halo'.

El efecto halo consiste en la valoración que realizamos de una persona, cosa o entidad abstracta (ej: una marca comercial) tomando un elemento característico de éste como bueno o deseable (incluso virtuoso), luego esta cualidad la expandimos hacia otros aspectos de esta persona o cosa que habían sido neutrales o no considerados. Finalmente, este aspecto no considerado, que en realidad no es tan bueno o deseable se transforma 'mágicamente' en algo bueno.

De primera mano parece algo complejo o ilusorio, sin embargo ocurre constantemente, todos los días, en cualquier parte, en la mayoría de las iniciativas de la sociedad organizada.

Coloco pregunta y ejemplo con resolución:

-Piense en algún producto u objeto que compró y que le haya salido excelente, de preferencia un producto de una marca comercial masiva. Se me ocurre, por ejemplo, un desodorante Axe standard, era útil, olía bien, cumplía su función y era relativamente económico.

Ahora, como tal desodorante resultó 'tan bueno', tenderemos mentalmente a valorar como un todo la marca Axe, en el sentido de considerarla 'buena y deseable', ya que el desodorante causó un buen resultado extendió su efectividad en un verdadero halo que atrajo a los otros productos de la marca Axe, consideremos que fabrica colonias, perfumes o jabones, es posible que éstos sean de menor calidad, prestigio y con variados defectos, que resulten inútiles, etc. sin embargo ya el desodorante causó su efecto en nosotros, influyó en nuestra percepción y posterior valoración de sus otros productos.

-Otro ejemplo sucede con el atractivo físico e inteligencia. Sin desmerecer que existen personas con gran atractivo que son muy inteligentes, sin embargo si analizamos absolutamente toda la publicidad existente hoy en día constataremos que por doquier aparecen cuerpos perfectos y rostros sin impurezas, sin defectos físicos notorios, sin anomalías perceptibles.

Aclaro, nunca verá un comercial de un producto comercial protagonizado por una persona sin un brazo, o con eccema facial o un ojo de vidrio. Esto, por un lado demuestra que hay gran discriminación por un porcentaje de la población que no cumple esos atributos y que no se ve reflejado en los comerciales y publicidad. Y por otro lado, nos crea la ilusión de que la belleza es representativa de eficiencia y calidad, constitutivos en parte de lo bueno y virtuoso.
Esto es equiparable a la inteligencia si nos referimos a publicidad de institutos, universidades, centros de investigación, en general del área de la productividad y el conocimiento.

Con esto, para finalizar este ejemplo, nos deja patente una triple igualación que nunca a va ser del todo cierta, a saber:


perfección/productividad/destacamiento = atractivo = inteligencia


Lleva a pensar, y de hecho lo hacemos mentalmente, a considerar que el atractivo físico de una persona influye en que sea más inteligente que la gente promedio con defectos, quienes no se verán reflejados en ninguna campaña publicitaria (excepto claro, la que va en pos de beneficios para 'ellos': discapacitados, sin ahondar más), lo que resulta completamente falso. La apariencia física nunca será equiparable a la inteligencia. Simplemente es una ilusión creada por los medios, una correlación arbitraria para efectos de marketing.

Lo que acá sucede es falsamente considerar como virtuoso lo externo por sobre lo interno, caemos en un sesgo o prejuicio cognitivo que podemos comprobar y resulta poco destacable en una sociedad que se dice 'pluralista' o abierta sin más.


Para cerrar, el efecto halo nos advierte de una tendencia a valorar lo atractivo con lo eficiente o inteligente, o lo deseable en un área que extendemos a otras y no resulta apropiado, o por lo menos preocupante. Compruébenlo sinceramente viendo cualquier publicidad del día a día.

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Información complementaria en:

http://www.spring.org.uk/2007/10/halo-effect-when-your-own-mind-is.php

http://psicoblog.com/el-efecto-halo-la-primera-impresion/

http://curiosidadsocial.wordpress.com/2009/03/23/efecto-halo/




sábado, 15 de agosto de 2009

Interpretación

Todo intérprete es un intermediario. Interpretación es también el nombre que le damos a la ejecución de una obra musical. En este sentido tenemos al intérprete de la obra, y él es así mismo un intermediario entre el autor de la obra y el público. Pero en esa interpretación entre autor y público se comportan como intérpretes en otro sentido, porque no se limitan a repetir mecánicamente algo previamente dado (las notas de la partitura) sino que le dan significado, esto es que, de forma redundante, interpretan la obra de que se trate, le dan vida, existencia y sustancia a la composición.

En consecuencia el músico es un intérprete en un doble sentido: intermedia entre el autor de la obra y el público, y además, le da significado, ‘’significan’’ la obra que transmiten al público.

A su vez el propio autor puede ser considerado él mismo un intérprete de las realidades objetivas y subjetivas que se suscitan en su período histórico, sus percepciones personales respecto del mundo y del social diario vivir, así como sus sueños, fantasías e influencias anteriores.

Por último, el público receptor de la obra puede ser considerado también un intérprete, y llevar a cabo una interpretación de lo oído, es decir, atribuye un significado a la obra del autor, y también a la interpretación del músico, de modo que, retrotrayendo, tenemos niveles sobre niveles en los modos de vislumbrar la música que oímos: un nivel base que comprende el diario vivir del autor, quien plasma en su obra su expresión sobre algo, luego la comprensión del músico intérprete, quien a su vez disocia entre lo que intentó expresar el autor y su visión personal creando una complejidad nueva, y el público docto o lego, quienes perciben de una y otra forma lo que se intentó transmitir.



martes, 9 de septiembre de 2008

El antagonista idealista



¿Qué se puede decir de Adolf Hitler que ya no se haya dicho?

Un ser despreciable, un tirano, genocida de masas, y que su única motivación era lograr la pureza de la raza.

Ciertamente que todo esto es verdad, sabido y probado, pero, ¿qué sucede si separásemos el Hitler tirano y sin sentimientos (que es el de costumbre) por su lado bueno? Con esto me refiero al idealista, el soñador, el amante y el dedicado...

Una parte importante del estudio de la vida del Führer lo constituye el cómo era en verdad. De la poca gente que aún vive y que lo conoció en vida lo ven de forma muy diferente, tranquilo, depresivo y que cuidaba con cariño a su perro Blondi; tal es el caso de Traudl Junge, una de sus secretarias. Diríase que lo miran de forma sesgada, no cabe duda que fue así. En “La Caída”, analizando a grandes rasgos el espacio en el que se movía ella puede decirse que lo admiraban, no al dictador, sino a la persona.

En la película se refleja con amplios detalles su personalidad más que el mal que causó a la Humanidad, por ende quedan fuera las particularidades del Holocausto y los campos de concentración, pero sin dejar de lado tampoco la mirada negativa, la cual se trata livianamente: algunas muertes en cámara (en verdad muchas si pretendemos acercarnos a la ficción narrativa aceptable en el cine), el adiestramiento de los niños para combatir en la guerra (quede esto demostrado con la “Juventud Hitleriana”, jóvenes y niños al servicio de las calamidades, que finalmente demuestran el escaso conocimiento del pueblo alemán para con la realidad que se estaba viviendo), un mundo “acuartelado”, con esto quiero decir que la propia Traudl vivía en el búnker de Berlín y no podía (no pretendía ni se esperaba) mirar más allá de eso.
Un ruido de bombas azota a cuantos viven en aquel búnker y ven a su líder, el Führer, como alguien que está perdiendo su motivación, su ímpetu y su notoriedad frente a las decisiones.

Los seguidores de Hitler de verdad lo fueron, pero solo hasta que éste cayó.
“La Caída” nos demuestra el triste ocaso de un soñador, deteniéndome en este punto vemos la representación en miniatura del mundo ideal de Hitler, se ve en escenas cómo el arquitecto, en el Gran Salón, muestra al dictador toda la representación que éste planeaba para la habitabilidad (o más bien dicho la adaptabilidad) de los alemanes puros. Grandes construcciones el estilo griego y romano, cuna de las artes y los debates filosóficos de diversa índole, un mundo como ilusión de la realidad.

Hitler mismo soñaba despierto, inventaba y creía factibles ataques, estrategias y ejércitos multitudinarios que nunca existieron. Muchos quisieron hacerlo entrar en razón, pero su obstinación era tal que casi hasta los últimos momentos antes de suicidarse confiaba en la realización de sus ideales, el medio claro está: asesinando a sus contrarios, la eliminación de los entes que no permitían que su mundo fuera como él lo planeaba.

Me marcó mucho el momento en el cual el Führer se daba cuenta de su realidad, literalmente el mundo se le caía encima, de ahí se desprende en parte el título “Der Untergang”, que significa “hundimiento, caída” en alemán. Alemania perdía ante el poderío ruso que los asediaba por todas las fronteras y tenía rodeado Berlín; las desgraciadas y sombrías palabras proferidas previas al funesto fin de Hitler:

“Mañana millones de personas me odiarán por lo que creía correcto”

Triste fin y claro hundimiento de un plan inviable y moralmente inaceptable para la Humanidad. El destino de millones personas estaba en sus manos, como en el Despotismo Ilustrado el rey tomaba todas las decisiones que le convenían pero sin la opinión del pueblo ni de nadie.

¿Qué nos dice el film sobre la vida? Un tumulto de ideas trastabilladas con la realidad imperante, pasado presente y futuro incierto, desgraciadamente inconcluso, motivo de lucha y desvarío cualificado, pero nunca cuantificado; “hicísteis sufrir, pero terminaste sufriendo más que los demás”